Ayer, la Junta de Acreedores del Club Universitario de Deportes debió haber definido si se aprobaba el plan de reestructuración presentado por la Administración Temporal que encabeza el Sr. Fernando Bravo de Rueda. SUNAT y Gremco, los dos mayores acreedores de la institución que se encuentra en proceso concursal desde el 2012, acordaron sin embargo postergar la decisión hasta el día martes 5 de febrero. No fue la única noticia del día en las oficinas de Indecopi. 

La administración actual reveló que la gestión anterior encargada a la liquidadora Right Business dejó al club un déficit de más de S/. 15 millones, y que se han consumido los ingresos generados por derechos de televisión hasta junio del presente año. La Revista PODER publicó en junio del año pasado el siguiente informe donde se revelaba que Right Business, con Rocío Chávez Pimentel y Ayar López Cano a la cabeza incurrió en prácticas de naturaleza irregular en muchas de las empresas cuyos procesos concursales asumió. Ahora sabemos que aparentemente también generaron un forado de más de 15 millones de soles en el club Universitario de Deportes.

LIQUIDADORES DE BUSINESS

Texto y Fotos: Óscar Castilla

Enfundado en la camiseta de Universitario, Ayar López Cano sale del área técnica y pisa el césped del estadio de Huancayo. Está emocionado. La gente lo felicita, pero él ignora los saludos hasta que su socia le coge el brazo, lo levanta al cielo y le dice a los periodistas que se aproximan: “Él es el administrador y presidente del club”. A su alrededor, en la cancha y la tribuna, explota la fiesta. Los futbolistas rompen en llanto y los miembros del cuerpo técnico se funden en un abrazo. Ayar sonríe por el comentario, mira a las cámaras y dice: “Los hinchas se lo merecen. Lo hemos conseguido”. La “U” acaba de derrotar al Real Garcilaso del Cusco. Se escuchan los redobles de la Trinchera Norte, la masa crema se agita. Aquel 18 de diciembre del 2013, la mitad más uno del país celebró. Right Business también había campeonado.

La gloria deportiva en las alturas de Huancayo, sin embargo, no aplacó las interrogantes sobre el pasado de la liquidadora de compañías al borde de la quiebra que más protagonismo mediático ha ganado en los últimos años. ¿Cuál es la historia detrás de Right Business (Ribsa), elegida en el 2012 para dirigir dos empresas emblemáticas en el Perú: el club Universitario y la refinería La Oroya —a cargo de la estadounidense Doe Run Perú—, ambas en crisis financiera y con millonarias deudas? ¿Qué negocios maneja Ayar López Cano, el director de la liquidadora que promete la Copa Libertadores para la “U” y que, al mismo tiempo, negocia con la banca suiza la venta del complejo metalúrgico de La Oroya? ¿Qué papel juega su socia, Rocío Chávez Pimentel, la primera mujer ‘mandamás’ de uno de los equipos más populares de Sudamérica?

foto: utero.pe

La investigación periodística sobre Right Business se remonta a mediados de los 90, cuando fue creada por dos abogadas y un administrador con el objetivo de asesorar empresas; llega hasta la década pasada, tras la aparición de denuncias por apoderarse y depredar el patrimonio de las compañías que administra; y acaba en el último lustro, con la liquidadora involucrada en una investigación por lavado de activos que rastrea sospechosas operaciones de dinero, cuentas bancarias de su red de operadores y otros capitales inmobiliarios de origen desconocido en constructoras en Lima y empresas en Panamá.

La sede oficial de Right Business está ubicada en el corazón de Miraflores, cerca del parque Kennedy y en la misma cuadra de la discoteca gay Downtown. Pocos imaginan que la administradora de la “U” y Doe Run, —que, además, tiene entre sus apoderados al exsecretario de la Presidencia y brazo derecho de Alan García, Luis Nava— ha dirigido los destinos de casi 80 compañías en liquidación o quiebra desde su oficina en un antiguo edificio rodeado de vistosos locales de tatuajes, disfraces y lencería. La historia de esta empresa empezó en 1996, cuando fue creada por la abogada Bilma Salazar, esposa de un empresario que era más conocido por ser el hijo de un exsenador aprista que trabajó con Víctor Raúl Haya de la Torre que por su trabajo como gerente general de una fábrica de cerámica en la Panamericana Sur: Ayar López Cano Algorta.

En 1999, el hombre de negocios se incorporó a la empresa de su esposa casi en la misma época que la abogada huancaína Rocío Chávez. López Cano fue apoderado de Ribsa, empezó firmando cheques en representación de la administradora, pasó a ser liquidador de las pocas empresas que entonces controlaban, y luego fue directivo y hasta gerente general; sin embargo, nunca figuró como fundador o accionista de la compañía. Ese año, además, se dio tiempo para la política: fiel a sus orígenes partidarios, postuló —sin éxito— a la alcaldía de Miraflores por el APRA; al año siguiente, integró la lista del expresidente Alan García para las elecciones al Congreso. Al no conseguir ser elegido, volvió a los negocios. En el 2001, asumió la gerencia general de Right Business, y Rocío Chávez fue elegida como otra de las liquidadoras de la administradora.

Para el 2002, Right Business, creada con un capital de S/. 10.000, ya había sido designada como liquidadora de compañías que dejaron huella en el imaginario de la Lima de antaño: Transportes Lima Metropolitana, Fábrica de Tejidos La Unión, Compañía Embotelladora del Pacífico (Cepsa), Compañías Unidas Vitarte Victoria Inca (Cuvisa), entre otras que llegaron agonizantes al nuevo siglo. Estas organizaciones, junto con sus millonarios patrimonios, fueron sometidas a la administración de Ribsa por decisión de sus acreedores. Una de las primeras fue la fábrica de prendas de vestir Cuvisa, con sedes en Ate y el Rímac. Los socios Ayar López Cano y Rocío Chávez, quien había sucedido al primero como gerenta general, ingresaron en la productora textil en el 2001. Entonces, comenzó a escribirse el primer capítulo de una historia de malos manejos e irregularidades que, según los documentos judiciales y policiales recogidos para esta investigación, se repetirían luego, dejando la marca indeleble de los liquidadores.

Right Business no hace honor a su nombre.

LOS TEXTILES LIQUIDADOS DE CUVISA

Han transcurrido doce años, pero el caso de la fábrica Cuvisa no deja de sorprender. La contundente acusación penal, que ha derivado en una investigación por lavado de dinero de consecuencias impredecibles, revela que los socios de Right Business confabularon con el presidente de la Junta de Acreedores de la textil para vender dos extensos terrenos (90 mil m2) de esta empresa en el Rímac por US$ 6,1 millones, repartirse el dinero y ocultar esta irregularidad falseando e inventando gastos.

Los terrenos del Rímac, que inicialmente debieron ser vendidos a otra constructora, acabaron siendo comprados en agosto del 2002 por una empresa de capitales extranjeros que se había constituido apenas ocho meses antes de la transacción: Argenta Inmobiliaria. Fundada por dos colombianos, con un capital inicial de solo mil soles, y administrada inicialmente por tres españoles, pagó US$ 6,1 millones a los representantes de Right Business. En los documentos registrales del caso no se identifica a los titulares de las cuentas bancarias que recibieron el dinero de Argenta (financiada por una ONG de España investigada por enriquecimiento ilícito), tampoco su procedencia. Por estos actos, la justicia investiga a Ayar López Cano y Rocío Chávez. Ambos están hoy procesados, bajo comparecencia, por aprovecharse del patrimonio de la fábrica Cuvisa y por asociación ilícita para delinquir.

Por este caso, Right Business fue investigada también por el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi, que fiscaliza a las administradoras y liquidadoras). Cuando Ribsa hizo sus descargos ante esta entidad, se descubrió la dimensión de los presuntos malos manejos. Ayar López Cano y Rocío Chávez habían declarado que los US$ 6,1 millones procedentes de la venta de los terrenos de Cuvisa “se utilizaron para pagar gastos y créditos”, pero apenas justificaron la totalidad de los egresos desde que entraron a la compañía textil. Solo entregaron documentos —boletas, facturas y recibos por honorarios— por US$ 230.000. Cualquiera que los revise podría temer por los bienes de la “U” (Campo Mar y el estadio Lolo Fernández) y de Doe Run (la refinería de La Oroya y la mina Cobriza de Huancavelica). Según estos comprobantes, los socios de Ribsa usaron el dinero de la agonizante Cuvisa para pagar supuestos contratos de trabajo suyos, de sus esposas, de sus empresas y hasta de sus operadores.

antigua fábrica cuvisa en el distriito del rímac.

La lista de cobros irregulares la encabezó Rocío Chávez, gerenta de Right Business, quien se pagó a sí misma US$ 90.000 por “concepto de estudio y evaluación de titulación de terrenos” y US$ 21.000 por “asuntos litigosos”. También aparecen Cecilia Wong Ruiz, dedicada a la venta minorista en Piura, quien recibió US$ 26.000 por “teneduría de libros contables”; la empresa Servicios y Agregados Andinos (Syandinos, de López Cano), con US$ 24.000 por “asesoría contable”; Bilma Salazar, esposa del hoy liquidador de la “U”, con US$ 21.000 por “gestión de recuperación de activos”; la compañía Administradora Andina (también de López Cano), con US$ 9.000 por “clasificación de documentos”; el abogado de Ribsa, Juan Arana Veli, con US$ 7.500 por “asesoría legal”; y Ana Bonilla Uria, secretaria, pero presentada como directiva de la liquidadora, con US$ 4.500 por temas “administrativos”. El dinero de Cuvisa quedó en familia.

Indecopi, en la investigación que realizó entre el 2008 y el 2009, descubrió que Right Business hizo otros pagos irregulares y sin justificación, por lo que le impuso una multa de 45.600 soles (12 unidades impositivas tributarias). La gravedad de los cargos administrativos y del proceso judicial que continúa hasta ahora debió sepultar la credibilidad de la liquidadora, pero no fue así. En el 2004, dos años después de la historia de Cuvisa, los socios volvieron a protagonizar otro escándalo, pero esta vez le tocó el turno a la legendaria Transportes Lima Metropolitana EPS, cuyos ómnibus circulaban por la capital en los años 70 hasta que desaparecieron sin pena ni gloria a mediados de los 90. Estando aquella al borde de la quiebra, la empresa de López Cano y Rocío Chávez fue designada por la Junta de Acreedores para liquidarla. Eran los primeros años del boom inmobiliario.

LA HISTORIA DE TRANSPORTES LIMA

En octubre del 2004, Right Business repitió la historia de los terrenos de la fábrica Cuvisa y vendió el activo más codiciado de Transportes Lima Metropolitana: su planta en Santa Anita cercana a la Carretera Central, un terreno casi del tamaño de Palacio de Gobierno. Ninguno de los entrevistados para esta investigación conoce cómo empezaron las negociaciones, pero lo cierto es que el contrato de compraventa fue firmado aquel año por Rocío Chávez, gerenta general de la liquidadora, y la arquitecta Martha Poblete Gutiérrez, representante de Poblete Arquitectos, Diseño y Construcción, quien pagó US$ 830.000 por los 15.400 m2 del inmueble (unos 84 dólares por m2). La transacción pasó inadvertida y estaba condenada al olvido si no fuera por los documentos que ahora revelamos.

Estos registros confirman que detrás de la empresa Poblete Arquitectos estaba un accionista desconocido: Montserrat de la Frontera, una compañía constituida en Panamá por operadores del entorno de Right Business como Óscar Vidal, abogado de la directora de Ribsa; el ingeniero Édgar Candiotti Peláez, allegado de López Cano; y el panameño Eloy Bonilla, integrante también de la sociedad panameña Los Reyes International, creada en el 2005 por Rocío Chávez y el ingeniero Renzo Chío Borgondo, otro personaje vinculado a la liquidadora.

terrenos de transporte lima metropolitana, donde se levantaron 15 edificios vendidos por lópez cano.

La verdad cayó por su propio peso. Aunque se desconoce la procedencia y el destino de los US$ 830.000 pagados por la planta de Transportes Lima Metropolitana, los documentos evidencian que los socios de Right Business se vendieron el terreno a sí mismos. Esta jugada se confirmó en el 2005. Luego de la controvertida operación y del repentino fallecimiento de Martha Poblete, López Cano fue inscrito en Registros Públicos como directivo de la empresa Poblete, mientras que Candiotti Pélaez permanecía como gerente general. Todo parecía preparado. Meses después, ambos hipotecaron el terreno de Santa Anita ante el Banco Continental para recibir un préstamo de US$ 6,7 millones a cambio de construir un condominio familiar cerca de una de las zonas de mayor tránsito comercial de la carretera central.

Así lo hicieron. Entre el 2006 y el 2008 levantaron 15 edificios de 7 pisos, 240 departamentos en total, y 10 zonas de cochera. Antes de acabar la construcción, López Cano ya estaba vendiendo los inmuebles construidos sobre el patrimonio de Transportes Lima Metropolitana que él debía proteger. En pocos años, el liquidador se había convertido en un empresario de bienes raíces, según se observa en los contratos de compraventa firmados por él y Candiotti Peláez con las personas que adquirieron los departamentos de uno de los complejos residenciales más grandes de Santa Anita. El negocio inmobiliario, en pleno auge en la capital, parecía lo suyo.

EL RANCHO, DE MANO EN MANO

La historia de la fábrica Cuvisa y de Transportes Lima Metropolitana se repitió por tercera vez en el 2008, cuando los socios de Right Business ingresaron a la Compañía Inmobiliaria y de Inversiones San Andrés de Miraflores, creada por un grupo suizo en los años 60. Aun cuando la entidad no estaba en liquidación, los accionistas nombraron como presidente del directorio a López Cano y como gerenta general, a Rocío Chávez, eligiéndolos, además, como apoderados. Así se selló el destino del mayor activo de la empresa: el terreno de 25.000 m2 que albergó por décadas a la pollería El Rancho en la avenida Benavides, en Miraflores. Los documentos del caso revelan que los liquidadores tomaron el control definitivo de San Andrés de Miraflores luego de que un desconocido, José Andrade Antón, se convirtiera en el dueño del 80% de esta empresa. ¿Quién es este personaje sin recursos económicos ni historial crediticio que acabó como accionista de la poseedora de uno de los inmuebles más costosos de Miraflores?

Pocos lo saben hasta ahora. Andrade Antón es empleado de Right Business, figura en el proceso judicial por los presuntos malos manejos en Cuvisa y hoy aparece vinculado a la “U” bajo la gestión de la actual administradora. Este hombre sería la pantalla para ocultar los negocios de López Cano. En una entrevista publicada en un diario local en el 2008, el hoy liquidador de la “U” aceptó haber comprado por US$ 7 millones los 25.000 m2 del otrora El Rancho. En el 2010, en un reporte de Registros Públicos, dijo ser el dueño de San Andrés de Miraflores; sin embargo, en ningún documento registral de este inmueble aparece transacción financiera que respalde sus declaraciones. Lo único concreto es que en el 2011, el extenso terreno ya estaba dividido en dos partes: 78,5% para área residencial y 21,5% para área comercial.

terrenos del restaurant "el rancho", en miraflores.  Right business  vendió el 78% a una inmobiliaria.

Ese mismo año, San Andrés de Miraflores —representado por Ayar López Cano y Rocío Chávez— vendió el 78,5% del codiciado El Rancho a la inmobiliaria Shamrock Perú. El precio: US$ 11 millones. Hasta hoy se desconoce la identidad de los titulares de las cuentas bancarias que recibieron semejante cantidad de dinero. Pocos días después, en mayo del 2011, la empresa de la avenida Benavides también vendió el 21,5% del predio. Según los documentos suscritos por los liquidadores de Ribsa, el inmueble fue vendido supuestamente al contador César Peláez Armas y a su esposa por US$ 3 millones. Peláez es un personaje del entorno de Right Business, trabajó con López Cano en los 90 y actualmente es su apoderado en Doe Run, pero aun así no tiene capacidad económica suficiente para desembolsar tal cantidad de dinero, revelan sus reportes financieros.

Cinco meses después de esta sospechosa operación, el contador Peláez se deshizo de su parte del predio, al revenderlo a la inmobiliaria Khalida en octubre del 2011, según Registros Públicos. Aquí apareció otra sorpresa. ¿Quiénes estaban detrás de la empresa compradora creada solo unos meses antes de aquella operación? Los únicos accionistas eran el ingeniero Renzo Chío Borgondo y Tony Huanca Dávila. El primero es apoderado de Ribsa en Doe Run junto con Peláez Armas (sí, el vendedor del terreno) y, además, socio de la empresa panameña Los Reyes International de Rocío Chávez, mientras que el segundo fue directivo de Right Business entre el 2004 y el 2012. Según los documentos, Peláez recibió un presunto pago de US$ 3,1 millones, US$ 100.000 más de lo que él (también supuestamente) había desembolsado por el inmueble. El papel aguanta todo, incluso las transacciones ficticias.

EL CUESTIONADO CASO DE CEPSA

No pasó mucho tiempo para que los representantes de Right Business se vieran involucrados en un cuarto caso semejante a los anteriores. Esta historia se originó en el 2002 cuando asumieron la liquidación de la recordada Compañía Embotelladora Pacífico (Cepsa), que en sus mejores años produjo y comercializó las gaseosas Pepsi y 7Up, gracias a un convenio con la trasnacional Pepsico, y luego bebidas de marcas locales, como Crush, Canada Dry y Kola Inglesa. Diez años después, durante los cuales ocurrieron los casos de Cuvisa, Transportes Lima Metropolitana y San Andrés de Miraflores, Ayar López Cano y Rocío Chávez intentaron vender el principal activo de Cepsa: su gigantesca planta de 27.000 m2 ubicada en la avenida Venezuela, en el Cercado de Lima.

En noviembre del 2012, en una decisión cuestionada, porque no habrían recibido la aprobación de la Junta de Acreedores de Cepsa, los socios de Ribsa firmaron un acuerdo de compraventa por US$ 14 millones con Corporación Gran Atlántico, creada nueve meses antes del jugoso contrato y sin experiencia en el rubro constructor e inmobiliario. ¿Quiénes representaban a esa compañía en la millonaria operación? El ingeniero Juan Franco Medina y la abogada Marianela Rodríguez Lozada. Al revisar los antecedentes de estas personas, encontramos que esta última figura, desde el 2005, como empleada de López Cano en Servicios y Agregados Andinos y en Poblete Arquitectos, Diseño y Construcción, ambas empresas involucradas en las irregularidades anteriores.

terrenos de la antigua fábrica cepsa. Right business dio marcha atrás en la venta sospechosa que pretendía hacer luego de una denuncia de los acreedores de la compañía.

Además de la sospechosa transacción que iba a realizar, Right Business también había subvaluado el precio real del inmueble de la fábrica de Cepsa, según las pesquisas policiales que se realizaron posteriormente. La Dirincri concluyó en su atestado que la planta de Cepsa costaba US$ 31,9 millones y no los US$ 14 millones que supuestamente iba a pagar Corporación Gran Atlántico. Por tal motivo, el Ministerio Público denunció a Rocío Chávez, en calidad de gerenta de la administradora. En diciembre del 2013, luego de las pesquisas policiales y de las denuncias en Indecopi por parte de los acreedores de Cepsa, los liquidadores dieron marcha atrás y anularon la venta del terreno de la avenida Venezuela con el argumento de que los representantes de la empresa compradora (una de ellos, empleada de López Cano) no habían cumplido con pagar los montos en las fechas acordadas. Si pensaron que aquella decisión haría olvidar la historia de Cepsa, se equivocaron.

EN LA MIRA POR LAVADO DE DINERO

En los últimos dos años, Right Business ha ganado la atención mediática que nunca tuvo desde su creación y pasó de ser una empresa que administraba compañías de pasado emblemático en los años 80 y 90 a la Premier League de las liquidadoras, gracias a Indecopi, que pese a sancionarla y multarla en innumerables casos, la nombró administradora temporal de la “U”; y también gracias a la Junta de Acreedores de Doe Run, que la eligió para liquidar la refinería de La Oroya y la mina Cobriza, valorizadas en US$ 100 millones. Hoy, Ayar López Cano celebra campeonatos vistiendo la camiseta del ídolo Lolo Fernández, y la abogada Rocío Chávez se ha transformado en un personaje popular por ser la primera mujer en dirigir las riendas de la “U”. Se conocen tanto que el año pasado ella le vendió su casa de playa en un condominio de lujo en Asia por US$ 250.000. Los negocios prosperan.

Sin embargo, el escándalo por la venta frustrada de la fábrica de Cepsa, ocurrido en la misma época en que Right Business asumía el control de la “U” y Doe Run, no ha pasado por debajo del radar de los órganos de inteligencia financiera. En la última década, cada vez son más notorios los casos de transacciones ficticias y operaciones sospechosas en el rubro de las compañías inmobiliarias y constructoras. Los actos presuntamente irregulares de los miembros de Ribsa —sancionados por Indecopi, castigados como faltas éticas por el Colegio de Abogados de Lima y denunciados por innumerables fiscalías penales de Lima— han concitado la atención de la Fiscalía de Crimen Organizado, que hace pocos meses abrió una investigación oficial por blanqueo de capitales.

En las pesquisas iniciales, ya notificadas a la Procuraduría de Lavado de Dinero y a la Unidad de Inteligencia Financiera, la mira está puesta en la estructura organizacional de Ribsa durante la última década, así como en la participación de sus principales operadores, ya sea en calidad de empleados, representantes u apoderados. Precisamente, en esta lista descubrimos la inesperada presencia del exsecretario presidencial de Alan García, Luis Nava Guibert, fundador del estudio Nava & Huesa Asociados, y de otros tres abogados: sus hijos Luis y Jean Pierre Nava Mendiola, y Juan Huesa Panizo. Según Registros Públicos, ellos fueron designados como apoderados en la administración de Doe Run por López Cano, el principal investigado por lavado de activos.

luis nava guibert. Foto: La república

Nava Guibert, que fue citado por la Megacomisión del Congreso por irregularidades ocurridas durante el gobierno aprista, es conocido de López Cano desde que postularon sin éxito al Parlamento en el 2000. El propietario de Right Business, que continúa afiliado al padrón del APRA desde entonces, nombró al exsecretario de la Presidencia, a sus dos hijos y a su socio en agosto del 2013. Aunque se desconoce qué papel exacto cumplen Nava y sus tres socios, no pasa desapercibido que ellos fueron elegidos como apoderados de Doe Run mientras Ribsa y la junta de acreedores de la minera están en negociaciones para vender este año el complejo de La Oroya y la mina Cobriza a través del banco suizo de inversión UBS.

La investigación por lavado de activos se extenderá además a los trabajadores de Ribsa involucrados en los procesos de liquidación mencionados y que hoy están en puestos claves en el manejo de la “U” y Doe Run. Desde López Cano, hasta la gerenta general Rocío Chávez, la secretaria Ana Bonilla Uria, los apoderados Renzo Chío Borgondo y César Peláez Armas, así como José Andrade Antón, Marianela Rodríguez Lozada y Édgar Candiotti Pélaez. Este último, a través de su empresa de construcción Sunrise Customers and Sales, elaboró el expediente civil para tribunas y palcos del estadio Monumental de la “U” en mayo del 2012, apenas un mes después de que la administradora asumiera el control del club.

Las pesquisas por blanqueo de capitales –un legajo ya se abrió en la Procuraduría de Lavado de Dinero– prometen romper los secretos que se mantienen sobre el millonario contrato de cesión de derechos televisivos firmado por ocho años por la administradora de la “U” y la empresa GolTv (de propiedad del empresario uruguayo-brasileño Paco Casal), que cuenta con una clausula de confidencialidad que ni Indecopi, el principal ente fiscalizador, conoce hasta ahora. “Estamos impedidos de dar más detalles de ese contrato; no obstante, es necesario que los acreedores –Sunat es uno de los principales– se sientan seguros de la contratación del nuevo operador”, dijo Ribsa en un reporte enviado en el 2013 a Indecopi. Queda claro, tras conocerse los antecedentes de la compañía de Ayar López Cano y Rocío Chávez, que Right Business no inspira mucha confianza o transparencia.

Ello también quedó en evidencia en una reunión ocurrida en noviembre del 2013, entre los socios de la liquidadora y los integrantes de la Junta de Acreedores de Doe Run, encabezados por los representantes del Ministerio de Energía y Minas y otras compañías mineras. En dicha cita, luego de que los liquidadores repasaran una y otra vez los modelos para obtener financiamiento o vender el complejo metalúrgico a través de sus contactos con la banca suiza y japonesa o con constructoras chinas, Ayar López Cano soltó la siguiente frase: “Que nadie esté hablando de estos temas y menos con la prensa”. La filosofía de Right Business es clara: mientras menos se sepa, mejor.