POR TOMÁŠ DOŠEK
A principios de la década del 2000, Uruguay vivió de manera intensa las repercusiones de la crisis económica en la vecina Argentina. El crecimiento económico del PIB registró niveles negativos de más del 10% en el 2002. La pobreza y la indigencia aumentaron significativamente, y el desempleo se disparó hasta más del 15%. Las implicaciones políticas no se hicieron esperar. En las elecciones generales del 2004, el Partido Colorado, una de las dos agrupaciones históricas, y gobernante en ese momento, colapsó y prácticamente desapareció, al obtener solo el 10% de los votos.
El Frente Amplio llegó al poder ese año por primera vez desde su creación en 1971. Su arribo a la presidencia en la figura de Tabaré Vázquez era esperado, dado el sostenido crecimiento electoral del partido de centroizquierda en los años anteriores, y formó parte del llamado “giro a la izquierda” en la región latinoamericana. Ciertamente, la victoria de Vázquez en primera vuelta fue un hecho histórico, porque la izquierda nunca antes había gobernado el país, aunque sí contaba con experiencia política, al estar al frente de la Intendencia de Montevideo, la capital del país, desde 1990. Además, el propio Tabaré había sido candidato presidencial ya dos veces, en 1994 y en 1999.
Tras una década de gobiernos frenteamplistas, Uruguay se prepara para un nuevo mandato de Vázquez, que asume el 1 de marzo del 2015 por los próximos cinco años. El país goza de un importante reconocimiento global gracias a la figura y a las políticas libertarias de José “Pepe” Mujica (2010-2015), pero también sufre serios problemas, sobre todo en seguridad ciudadana, educación, infraestructura y competitividad internacional. La reelección de Vázquez significa un mandato de continuidad, pero también una serie de desafíos estructurales de largo plazo.

EL (RE)CONOCIMIENTO INTERNACIONAL
Mujica llegó a la presidencia como el segundo presidente del Frente Amplio. Fue ministro de Agricultura del Gobierno de Vázquez y es líder histórico de una de las principales fracciones que componen el Frente Amplio, denominada Movimiento de Participación Popular. Políticamente, el paso de Tabaré a Mujica representó un corrimiento hacia la izquierda, aunque el entonces nuevo presidente en un principio mantuvo el equipo económico del mandatario saliente.
El gobierno de Mujica estuvo marcado por una profunda impronta mundial, que logró ubicar a Uruguay en el mapa global. Si hace algunos años los periodistas de otras partes del mundo confundían al país litoral con el mediterráneo Paraguay, Mujica le ganó notoriedad internacional a Uruguay básicamente gracias a sus políticas progresistas, a su historia personal y a su vida austera en una chacra en las afueras de Montevideo, retratada por variados medios de comunicación de diversos países y difundida ampliamente en las redes sociales.
Las políticas en materia de derechos individuales fueron muy avanzadas en términos regionales, y algunas, incluso, en el plano mundial. Las innovaciones más importantes supusieron la posibilidad de consumir, producir y adquirir marihuana legalmente para usos personales, permitieron el matrimonio entre personas del mismo sexo, establecieron la eutanasia, habilitaron la reproducción asistida y despenalizaron el aborto en determinadas circunstancias, aunque varias de estas iniciativas no eran originalmente emprendidas por el propio presidente, sino por la bancada parlamentaria del Frente Amplio. Algunas tendrán que ser implementadas por el Gobierno de Vázquez, de orientación más conservadora en estas cuestiones. Estas políticas simplemente, en las palabras del propio presidente Mujica, hacen “reconocer la realidad”.
Mujica impresionó a la opinión pública también con su historia. En las décadas de 1960 y 1970 fue uno de los líderes de la guerrilla urbana Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), conocida simplemente como “Tupamaros”. Mujica pasó casi 15 años en prisión (donde incluso llegó a protagonizar varios intentos de fuga) y fue puesto en libertad con la ley de amnistía, aprobada durante la transición a la democracia a mediados de 1980.
Su estilo de vida austero no experimentó cambios una vez en el cargo, lo cual le hizo ganar admiración entre la ciudadanía. Mujica vive de manera muy sencilla, va al trabajo en su Fusca (un viejo escarabajo celeste), come en los boliches populares, habla de forma muy campechana y dona el 90% de su salario para la caridad. En otras palabras, su discurso, en el cual destaca que “no necesita mucho”, es coherente con su estilo de vida. Esta inusual integridad personal y humildad han despertado mucho respeto hacia su persona, no solo en su propio país, sino en todo el mundo.
Esta combinación ha dado mucha visibilidad tanto al presidente Mujica como a Uruguay. Ambos han sido reconocidos internacionalmente. Mujica ha concedido entrevistas a los más prestigiosos medios de comunicación globales, incluyendo The New York Times, CNN, BBC, Al Jazeera, The Guardian y El País. Se ha granjeado los apodos de “presidente más pobre del mundo” y de “Mandela de América Latina”. Llegó a ser una de las cien personas más influyentes en el mundo, según la revista Time, y fue nominado para el Premio Nobel de la Paz. Por su parte, Uruguay ha sido considerado “el país del año” por la revista inglesa The Economist.
En el plano doméstico de las políticas públicas, el país ha mostrado una importante estabilidad macroeconómica, con crecimiento sostenido (aunque a menor ritmo que al inicio de su mandato), con importantes bajas en los niveles de pobreza (que alcanzan un 6%) y de indigencia (la cual no llega a 1%, según datos de la Cepal). El desempleo se halla en sus mínimos históricos. Estos resultados se deben a significativas inversiones en programas sociales redistributivos, con los que también se logró la inclusión de nuevos sectores de la población en el sistema nacional de salud. Asimismo, durante el periodo de Mujica se registró un aumento en los salarios reales y mejoras en las condiciones laborales, en gran parte gracias a los Consejos de Salarios (organismos tripartitos de negociación entre el Estado, la patronal y los sindicatos).

LA VUELTA DE TABARÉ
Sin embargo, el Gobierno de Mujica enfrentó algunos problemas que no ha podido resolver y que han llevado a la percepción de ineficiencia y, según algunas voces, a una menor popularidad dentro de su propio país, aunque no en el extranjero. Los problemas están relacionados con diversos temas que van desde la seguridad pública, la educación o la alta inflación hasta la poca competitividad del comercio exterior, la baja en los precios de los commodities y la falta de infraestructura en el país.
El mandato de Mujica estuvo marcado también por las tensiones internas en el Frente Amplio, sobre todo en materia de la gestión económica, la elección de autoridades partidarias y las designaciones ministeriales, pero también por la agenda de los nuevos derechos. En suma, las críticas de algunos sectores hacia el presidente se centraron en la ausencia de consulta sobre sus pasos con las fracciones del Frente y las decisiones unilaterales. Del mismo modo, en los últimos meses el Gobierno tomó algunas medidas polémicas, como la acogida de los refugiados de Siria y de los presos de la cárcel de Guantánamo.
La menor aprobación de la gestión de Mujica frente a su predecesor, cierto desgaste de la coalición de centroizquierda, los problemas del país y la ralentización de la economía, aunque también las previsiones y el ambiente de incertidumbre sobre el resultado (creado por las encuestadoras), pusieron por momentos en duda la reelección del candidato del Frente Amplio. Las encuestas preelectorales subestimaban el voto hacia Vázquez y sobrestimaban las chances de Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional, el principal adversario del candidato frenteamplista.Vázquez, en fórmula con Raúl Sendic, ganó en la segunda vuelta con el 53,5% de votos y una diferencia significativa de más de diez puntos porcentuales sobre Lacalle Pou, quien tuvo a Jorge Larrañaga como candidato a vicepresidente. Contrariamente a las previsiones, el Frente Amplio logró obtener mayoría en ambas cámaras del Parlamento, con la fracción de Mujica, el —Movimiento de Participación Popular—, con el mayor número de escaños. Esto facilitará al Frente Amplio garantizar la gobernabilidad, ya que no necesitará de acuerdos interpartidarios y se podrá concentrar en las negociaciones con las fracciones de Mujica y Astori, líder del Frente Líber Seregni, exministro de Economía y Finanzas de Vázquez y vicepresidente del país durante el mandato de Mujica.
El nuevo Gobierno de Vázquez tendrá que enfrentar los asuntos que no se pudieron afrontar y solucionar durante el mandato de Mujica. Tal vez el tema más importante sea el de la seguridad. Esta cuestión desplazó a la economía como el problema más grave del país, según las encuestas de opinión pública. En comparación regional, es la tercera nación con mayor parte de ciudadanía que percibe este tema como el más relevante, de acuerdo con el Barómetro de las Américas de la Universidad de Vanderbilt (EE. UU.).
Los mismos datos muestran un aumento en la percepción de inseguridad, con casi un cuarto de la población que declara haber tenido experiencia directa con el delito en el 2014, y los datos oficiales, que registran un aumento en el número de robos con violencia. De hecho, el Partido Colorado promovía la baja a la edad de imputabilidad penal de 18 a 16 años, a través de un plebiscito constitucional que se votaba el mismo día de las elecciones generales. Esta iniciativa finalmente no prosperó, tanto por la oposición de la ciudadanía como por el escaso apoyo político que recibió.
El otro problema que tendrá que enfrentar Vázquez tiene que ver con la educación. En particular, la secundaria. En esta materia no se avanzó lo suficiente, debido a las dificultades en las negociaciones con los sindicatos, pese al aumento del gasto público en el sector. El país tiene una de las menores tasas de finalización de los estudios en ese nivel formativo, si se la compara con las del resto de América Latina, con más de la mitad de los alumnos que empiezan y no terminan la educación media. Asimismo, la probabilidad de terminar está condicionada por la clase social. Los jóvenes de familias de menores ingresos tienen menores posibilidades de finalizar sus estudios que, por ejemplo, los de Argentina o Chile. Finalmente, en perspectiva de largo plazo, el país empeoró en la última década en los resultados de las pruebas PISA, que miden los niveles de conocimiento de los estudiantes de secundaria en matemática, lectura y ciencia.
Además, la infraestructura del país presenta deficiencias e insuficiencias. Estas están vinculadas tanto con la parte vial en el interior del país como con la parte portuaria que conecta Uruguay con otros Estados de la región y con el resto del mundo. Ciertamente, fue Mujica quien se propuso reactivar y modernizar la red ferroviaria nacional. Aunque se dieron muchas negociaciones con empresas chinas, estas finalmente no progresaron, y el tema no prosperó.
En lo económico, algunos especialistas destacan la disminución en los niveles de crecimiento económico entre el 2% y el 3% (también condicionados por el contexto regional y global), la necesidad de un ajuste fiscal (y, por ende, una posible reducción en el gasto social) y, sobre todo, los aumentos en la inflación, que tuvieron una tendencia al alza durante el periodo de Mujica y, según algunos cálculos, podría haber alcanzado el 9% en el 2014, en vez de la meta esperada, que era de alrededor de 5%.

LA PRÓXIMA BATALLA: LA INTENDENCIA DE MONTEVIDEO
El actual ciclo electoral, que en Uruguay abarca las elecciones primarias obligatorias de junio del 2014 y los comicios nacionales de octubre y noviembre del mismo año, culmina con las elecciones departamentales y municipales de mayo del 2015. Probablemente, el cargo en juego más importante sea la Intendencia de Montevideo. Desde el mandato de Vázquez en la primera mitad de la década de 1990, los intendentes han sido del Frente Amplio, y el partido ha dominado las últimas tres elecciones con más del 50% de los votos.
El fuerte arraigo electoral del Frente en Montevideo, y también la baja popularidad de la actual intendente, Ana Olivera, han motivado a los dos partidos tradicionales, Nacional y Colorado, a innovar su estrategia de campaña para tener la oportunidad de desafiar al Frente Amplio. Esto se plasmó en la creación de un nuevo partido ad hoc, denominado Partido de la Concertación. Si es exitosa, esta estrategia podría ser replicada en otros departamentos o en los comicios locales, sobre todo en distritos donde el Frente Amplio tiene un claro predominio electoral.
Sin embargo, los resultados de las elecciones nacionales en Montevideo auguran más bien la victoria de una candidatura del Frente Amplio. Dada la posibilidad de que se presenten múltiples candidatos o candidatas de un solo partido para el cargo, se esperan al menos dos personas que busquen competir por la Intendencia por parte del Frente y del Partido de la Concertación. De momento, las encuestas de intención de voto favorecen al Frente Amplio y, desde diciembre del 2014, la candidata con mayores chances y más proyección parecería ser Lucía Topolansky, senadora electa por el Movimiento de Participación Popular y esposa del presidente Mujica.
Los próximos meses mostrarán cómo encarará Tabaré Vázquez los problemas estructurales y coyunturales del país, pero también el reto de una mayor participación de las mujeres y el recambio generacional en la política nacional (como los liderazgos frenteamplistas de Sendic o de Constanza Moreira, el nacional de Lacalle Pou o el colorado de Bordaberry), y si podrá resolver las cuestiones no solucionadas y no abordadas por la gestión de Mujica, senador electo en el 2014, quien ciertamente no desaparecerá del escenario político y probablemente ejercerá un rol negociador en el Parlamento.
Los comicios subnacionales de mayo del 2015 pondrán en evidencia si el Frente se quedará también con el control de los Gobiernos subnacionales (aprovechando el efecto arrastre de la elección de Vázquez) y, en particular, con Montevideo, su bastión tradicional. El escenario actual lo favorece, y se vislumbra un contexto proclive a que Vázquez pueda dar solución a los problemas que el país afronta.