Escribe: David Rivera del Águila

Comencemos preguntándonos quién ganó y quién perdió políticamente en el corto plazo con la censura de la expremier Ana Jara. Si bien la decisión del Congreso puede haber sido principalmente un mensaje para Ollanta Humala y Nadine Heredia, dado el perfil que Ana Jara había logrado construir en el corto tiempo que estuvo en el cargo, el gobierno podría terminar sacando ventaja relativa de esta crisis. Si es la oposición la que termina apareciendo como intransigente, este escenario es más posible. Las próximas encuestas deberían darnos mayores luces sobre este tema, pero ya para entonces el presidente Humala tendrá que haber tomado una decisión. Por lo tanto, su lectura personal-familiar de esta primera pregunta será una de las que podría tener en consideración al momento de elegir su próximo premier.

Porque si uno escucha lo que los partidos de oposición están pidiendo como cualidades del nuevo primer ministro, uno vuelve a preguntarse por qué censuraron a Ana Jara. Las cualidades que esperan los congresistas que votaron por la censura son que el nuevo premier sea dialogante, no confrontacional, que tienda puentes en busca de consensos, etc. ¿No cumplía Jara con esas características? Sí. Pero entonces aparece la variable DINI. Pero también la siguiente pregunta. ¿Qué nos asegura que con un nuevo jefe de gabinete con esas características no aparezca un nuevo escándalo gubernamental que conlleve a una nueva censura a quien sea elegido? Porque considerando que ya quedó claro que al menos el fujimorismo, el Apra y hasta el PPC (por cierto, triste el papel que está jugando este último, creyendo que así mejorará su posicionamiento), buscarán tener al gobierno contra la pared hasta las elecciones de abril del 2016, y que en ese sentido, cualquier destape será útil para mantener al régimen al límite, la respuesta a la pregunta sobre si al gobierno le conviene un primer ministro que cumpla con todos los requisitos que exige la oposición, comienza a no ser tan clara. Y si considerando lo anterior, ¿el gobierno más bien decide ir por un premier que tenga la capacidad de enfrentarse al Apra y al fujimorismo? Porque repetimos, si ya intentó con uno que trató de hacer las paces y no funcionó, ¿por qué intentarlo de nuevo?

Agreguemos una variable al análisis. ¿Qué podría frenar a la oposición a mantener una posición dura contra el gobierno? El riesgo del cierre del Congreso. Pero esta facultad del Ejecutivo es posible sólo hasta julio de este año, con lo cual, después de entonces, los riesgos de una confrontación más abierta aumentarán y la posibilidad de una nueva censura también. Ya hemos visto que ni siquiera el llamado de los principales gremios empresariales logró frenar la salida de Jara. Está claro que la estabilidad política y económica no es la variable en juego, es una lucha a muerte. La meta es el 2016, y aún nos quedan doce meses para las elecciones.

Una variable más. En esta confrontación con el Apra y Fuerza Popular que lleva ya más de tres años, la lectura es que el gobierno es quien ha perdido mucho. Seguro que sí. Pero también es cierto que las encuestas muestran que el Apra y Alan García también. Quien mejor provecho ha sacado ha sido Keiko Fujimori. Aún con ello, este régimen cuenta con un 25% de aprobación en las encuestas. Puede parecer poco, pero si nos remitimos a nuestra historia reciente, al clima político en el que se ha desenvuelto, a la desaceleración económica y a la falta de un partido político sólido que lo respalde, la lectura podría ser que no está mal. Más aún, ya algunos analistas han planteado las posibilidades del nacionalismo como parte del escenario electoral 2016. Si no aparece ningún candidato de centro izquierda, al partido de gobierno se le pueden abrir algunas posibilidades. Con Ana Jara fortalecida políticamente y con Urresti suelto en plaza, el escenario puede ser mejor aún.

Esto lo saben tanto en el Apra como en Fuerza Popular. Motivo por el cual la lucha en los siguientes meses será ardua. Entonces vuelve la pregunta, ¿qué perfil de primer ministro le conviene en realidad al gobierno?

Está claro que lo que le conviene al país no es necesariamente lo que le conviene a los políticos. Pero a estos últimos, hace rato que les dejó de interesar el país.