El miércoles 1 de abril, el gobernador de California, Jerry Brown, tomó una decisión radical: reducir el consumo de agua en 25% –en lo que queda del año– en casas, negocios e instituciones públicas en el estado de 40 millones de habitantes y que sufre de sequías desde el 2011. La medida la dio luego de que el científico de la NASA Jay Famiglietti señalara en un artículo en Los Angeles Times que California pierde agua almacenada desde el 2002, y que el agua potable podría acabarse dentro de un año.

El experto señaló que el volumen total de agua en las cuencas de los ríos Sacramento y San Joaquín –que comprende la nieve fundida, las reservas y el agua subterránea– ha disminuido desde el 2014 en 42,000 millones de metros cúbicos, por lo que sugirió que las autoridades deberían activar medidas restrictivas sobre el uso del agua almacenada en todos los sectores.

La NASA advirtió en diciembre que California necesita más de 41,000 millones de litros de agua para recuperarse de la sequía.

Pues bien, el gobernador ha tomado en cuenta esta propuesta y ha decretado medidas urgentes. Además de la indicada líneas arriba ha propuesto reemplazar 4.6 millones de metros cuadrados de jardines por plantas de clima desértico (cactus, lavanda y ágaves, por ejemplo).

Las viviendas no podrán regar sus jardines con agua potable, a menos que dispongan de un sistema eficiente de riego por goteo, al tiempo que se forzará a cementerios, campos de golf, campus universitarios y otras instalaciones con grandes superficies de césped a recortar el uso de agua. Incluso, los restaurantes no servirán agua a sus clientes a menos que éstos lo pidan. También se creará un programa para reembolsar a las personas que cambien sus electrodomésticos viejos por modelos que ahorren agua.

Quienes violen las nomas serán multados con hasta US$500 diarios, e incluso hasta se les podría interrumpir el suministro.

La Universidad de California estimó que la sequía del año pasado costaría unos US$1,700 millones y provocaría la eliminación de 14,500 puestos de trabajo en el Valle Central del estado, la región más rica del mundo en producción de alimentos.

Críticas

Si bien hay consenso –dentro y fuera de California– en actuar pronto contra los efectos de la sequía, ciudadanos californianos han criticado que Brown no considere entre las medidas a los agricultores (que representan el 2% de la economía del estado y consumen el 80% del agua) y a la industria del petróleo, sobre todo la fracturación hidráulica (fracking), que se abastece de grandes cantidades de agua para funcionar.

Ayer, domingo 5, el gobernador salió en defensa de los primeros y recordó que ellos producen la mayoría de frutas y legumbres que Estados Unidos exporta. Dijo que podría incluirlos en la norma, pero que ello perjudicaría a terceros. Al respecto, Famiglietti, el experto de la NASA, dijo que dos tercios de la pérdida de agua almacenada es consecuencia del uso de aguas subterráneas que hacen los agricultores para combatir los efectos de las sequías.

Según la Universidad de Princeton, el cambio climático contribuyó a la sequía de California. Esto porque aumentó la posibilidad de que las dos condiciones climáticas que llevaron a la sequía –temperaturas más altas que el promedio y poca lluvia o nieve– se produjeran al mismo tiempo.

Lo cierto es que estas medidas son un paso inicial para enfrentar la falta de agua. Por un lado, hay quienes son conscientes de que es imprescindible hacer mucho más; por el otro, hay quienes se inquietan con la consecuente subida de precios de algunos alimentos, que trascenderá en el resto de Estados Unidos y de otros países.

El cambio climático no es una broma.


(Foto cabecera: EFE)